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MOVE Insights · SerEguino | DIRIGIR

Ideas para dirigir.
Criterio para avanzar.

Reflexiones de Sergio Andrés Eguino Anaya sobre estrategia, liderazgo, marketing, inteligencia artificial y crecimiento empresarial.

Archivo de cuatro ediciones publicadas en LinkedIn. Conservamos el texto y la fecha de cada publicación; las referencias temporales corresponden a su edición original.

Inteligencia artificial

La IA ya no solo crea campañas: empieza a decidir cómo compramos

Sergio Andrés Eguino Anaya · 7 de septiembre de 2026

La noticia no es que la IA produzca más contenido. La noticia es que está empezando a controlar el camino completo entre una necesidad y una compra.

Publicado originalmente en SerEguino | DIRIGIR, LinkedIn. Edición del 7 de septiembre de 2026.

La noticia no es que la IA produzca más contenido. La noticia es que está empezando a controlar el camino completo entre una necesidad y una compra.

Durante meses hablamos de inteligencia artificial como una herramienta para producir más rápido: textos, imágenes, videos, segmentaciones y reportes.

Pero las noticias recientes muestran un cambio mucho más profundo.

La IA está dejando de ser solamente una herramienta dentro del departamento de marketing. Está empezando a convertirse en el lugar donde las personas descubren una necesidad, comparan alternativas, reciben recomendaciones y toman decisiones.

Ese cambio transforma el marketing desde su estructura.

De buscar productos a conversar sobre decisiones

Google está incorporando publicidad dentro de experiencias de búsqueda cada vez más conversacionales. Sus nuevos formatos impulsados por Gemini pueden acompañar preguntas complejas, ofrecer información de productos y presentar ofertas durante el proceso de evaluación.

OpenAI, por su parte, anunció que ChatGPT Ads alcanzó una tasa anualizada de ingresos de USD 1.000 millones en menos de 200 días y que la plataforma ya trabaja con decenas de miles de anunciantes. También está ampliando su acceso internacional y sus capacidades de compra, medición y optimización.

No estamos simplemente frente a dos nuevos soportes publicitarios.

Estamos viendo nacer una nueva puerta de entrada al consumo.

Antes, una marca intentaba aparecer cuando alguien escribía una palabra clave. Ahora necesita ser comprendida y considerada dentro de una conversación: “¿Qué alternativa me conviene?”, “¿cuál se ajusta mejor a mi situación?” o “¿qué debería elegir?”.

El desafío ya no es solamente aparecer.

Es ser una respuesta legítima.

Más automatización, pero también más responsabilidad

Google también está llevando campañas y configuraciones heredadas hacia AI Max. Durante septiembre comenzará la actualización automática de determinadas campañas que utilizan recursos creados automáticamente y configuraciones de concordancia amplia.

La promesa es atractiva: más capacidad para encontrar demanda, adaptar mensajes y optimizar resultados.

Pero automatizar no elimina la responsabilidad estratégica.

Cuando una plataforma decide qué audiencia encontrar, qué mensaje presentar, qué página mostrar y cuánto invertir, la función del equipo de marketing cambia. Ya no basta con operar campañas. Debemos definir límites, alimentar correctamente los sistemas y verificar si el resultado realmente responde a los objetivos del negocio.

La IA puede optimizar una instrucción equivocada con una eficiencia extraordinaria.

La transparencia se convierte en parte de la marca

Hay otro movimiento que merece atención: Google comenzó a incorporar información para identificar anuncios creados o modificados con inteligencia artificial mediante un panel denominado “Cómo se hizo este anuncio”.

Esto anticipa una discusión inevitable.

La pregunta ya no será únicamente si una pieza fue generada con IA, sino si el público puede confiar en ella. La velocidad de producción crecerá, pero también lo hará el valor de la procedencia, la claridad y la consistencia.

En un entorno saturado de contenido técnicamente correcto, la confianza puede convertirse en el activo creativo más escaso.

El poder de las plataformas también está bajo revisión

Esta transformación ocurre mientras los reguladores cuestionan la concentración del mercado publicitario digital. El 2 de septiembre, una jueza federal estadounidense ordenó cambios en el negocio de tecnología publicitaria de Google, aunque descartó la ruptura solicitada por el Departamento de Justicia.

Esto nos recuerda que la evolución del marketing no está determinada solamente por mejores modelos de IA.

También depende de quién controla la infraestructura, los datos, la distribución, la medición y las condiciones mediante las cuales una marca puede competir.

¿Qué significa esto para nuestras empresas?

Para las grandes marcas, esta nueva etapa representa otra frontera tecnológica.

Para las empresas con presupuestos más limitados puede representar algo todavía más valioso: la posibilidad de competir con mayor inteligencia, siempre que cuenten con una estrategia clara y datos utilizables.

Pero la IA no corrige por sí sola una propuesta de valor débil, una experiencia inconsistente o una operación incapaz de cumplir lo que la comunicación promete.

Desde MOVE vemos cinco prioridades:

Construir información de marca y producto que pueda ser comprendida por personas y sistemas de IA.
Conectar marketing con ventas y resultados reales, no solamente con métricas de plataforma.
Diseñar procesos de experimentación que permitan aprender sin entregar todo el control al algoritmo.
Proteger la coherencia, la transparencia y los activos distintivos de la marca.
Utilizar la automatización para ampliar capacidades, no para reemplazar el criterio.

La oportunidad no consiste en producir más

El marketing que viene será más conversacional, automatizado y orientado a resultados.

Sin embargo, eso no significa que será menos humano.

Cuando todas las organizaciones puedan producir cien variaciones de una pieza en minutos, la diferencia estará en comprender mejor el problema, formular mejores preguntas y sostener una promesa auténtica.

La IA hará que ejecutar sea más accesible.

Nuestra responsabilidad será hacer que esa ejecución tenga dirección, sentido y resultados.

La pregunta que debemos hacernos ya no es: “¿Cómo incorporamos IA en marketing?”.

La pregunta es:

¿Estamos construyendo una marca que merezca ser elegida cuando una inteligencia artificial participe en la decisión?

Fuentes consultadas:

OpenAI — Expansión de ChatGPT Ads https://openai.com/index/expanding-access-to-ai-with-chatgpt-ads/

Google — Transición hacia AI Max https://blog.google/products/ads-commerce/dsa-upgrade-to-ai-max-2026/

Google — Nuevos formatos publicitarios para la búsqueda conversacional https://blog.google/products/ads-commerce/google-marketing-live-search-ads/

Google — Transparencia en anuncios generados con IA https://blog.google/products/ads-commerce/google-ads-ai-transparency-labels/

Associated Press — Resolución sobre el negocio publicitario de Google https://apnews.com/article/d294d31fee27c45b14d5ce2196cdd80a

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Experiencia del cliente

WhatsApp ya no es solo un canal. Es la experiencia del cliente

Sergio Andrés Eguino Anaya · 12 de agosto de 2026

Hay un momento en que un canal deja de ser un canal y empieza a convertirse en la experiencia completa.

Publicado originalmente en SerEguino | DIRIGIR, LinkedIn. Edición del 12 de agosto de 2026.

Hay un momento en que un canal deja de ser un canal y empieza a convertirse en la experiencia completa.

Eso está ocurriendo con WhatsApp.

Una persona pregunta si hay stock, pide una recomendación, comparte su ubicación, confirma un pedido, paga, consulta el estado de la entrega y reclama si algo sale mal. Todo puede suceder dentro de la misma conversación. Para ese cliente, WhatsApp no es una pieza del ecosistema: es la marca.

En Bolivia esto no suena futurista. WhatsApp ya forma parte de la vida cotidiana de empresas, comercios y servicios. Sin embargo, muchas organizaciones todavía lo administran como un buzón: números personales, respuestas aisladas, información que vive en la memoria de un asesor y conversaciones que empiezan de cero cada vez que cambia el turno.

El problema no es el canal. Es la falta de sistema.

La IA cambia la escala, no la responsabilidad

En julio de 2025, Meta adelantó una visión más amplia para las empresas en WhatsApp: inteligencia capaz de recomendar productos, acompañar una venta y continuar la conversación con información útil. También anunció llamadas para empresas que usan la plataforma, acercando en un mismo entorno la automatización y la atención humana.

A comienzos de 2026, un estudio difundido por Twilio señaló que Latinoamérica está entre las regiones que avanzan con mayor rapidez en IA conversacional para servicio al cliente. Los casos más frecuentes no son ciencia ficción: responder consultas simples, informar el estado de un pedido, orientar sobre productos y facilitar el contacto con un asesor, especialmente mediante aplicaciones de mensajería como WhatsApp.

En Bolivia ya aparecen señales concretas. Soluciones locales como Artemis, de OS2, proponen atención con IA conectada a la API oficial de WhatsApp y derivación a una persona con el historial de la conversación. Este año también se presentó Lucy, una iniciativa de Datec orientada a ejecutar por WhatsApp tareas de venta, cobro, facturación, seguimiento y posventa.

No menciono estos casos como una carrera por poner un bot en cada negocio. Los menciono porque muestran algo más importante: la conversación empieza a convertirse en infraestructura comercial.

La oportunidad no es atender sin personas

Durante años, automatizar la atención significó construir menús rígidos:

“Marque 1 para ventas.”

“Marque 2 para soporte.”

“Escriba una palabra clave para continuar.”

El cliente terminaba adaptándose a la lógica interna de la empresa. La IA generativa permite invertir esa relación: la empresa puede comprender la intención expresada en lenguaje natural, recuperar contexto y responder de una manera más útil.

Pero automatizar todo sería repetir el mismo error con una tecnología más sofisticada.

Una buena experiencia conversacional combina tres capacidades:

1. La IA resuelve lo simple.

Puede contestar preguntas frecuentes, verificar datos, resumir una conversación, recomendar el siguiente paso y operar a cualquier hora.

2. El sistema conserva el contexto.

La conversación debe estar conectada con inventario, pedidos, CRM, historial y reglas del negocio. Sin esa integración, la IA habla, pero no resuelve.

3. Una persona entra cuando aporta más valor.

Un reclamo sensible, una negociación, una excepción o una decisión compleja requieren criterio, empatía y responsabilidad. El traspaso debe ocurrir sin obligar al cliente a repetir su historia.

La IA no debería ocultar a las personas. Debería permitir que aparezcan en el momento correcto y con mejor información.

Diseñar la experiencia antes de elegir la herramienta

El punto de partida no es: “¿Qué chatbot compramos?”.

La pregunta correcta es: “¿Qué fricción queremos eliminar?”.

Puede ser el tiempo de espera. La pérdida de oportunidades fuera de horario. La falta de seguimiento. La dispersión entre ventas y servicio. O la incapacidad de aprender de miles de conversaciones que hoy quedan enterradas.

A partir de ahí, conviene diseñar el recorrido completo:

• Qué puede resolver la IA por sí sola.

• Qué información necesita consultar.

• Cuándo debe escalar a una persona.

• Qué tono representa a la marca.

• Qué consentimiento y seguridad exige cada interacción.

• Qué datos se conservarán y para qué.

• Cómo se corregirá una respuesta incorrecta.

También cambia la forma de medir. El tiempo de respuesta importa, pero no alcanza. Hay que observar resolución en el primer contacto, abandono, reincidencia, esfuerzo del cliente, conversión, calidad de la derivación humana y valor generado por conversación.

Responder rápido no sirve si el cliente sigue atrapado.

De canal de soporte a motor de crecimiento

Cuando WhatsApp se conecta con marketing, comercio, servicio y data, deja de ser un centro de costo. Puede captar demanda desde una campaña, orientar una decisión, recuperar una venta, acompañar el uso de un producto, detectar insatisfacción y convertir cada conversación en aprendizaje.

Ahí aparece una oportunidad especialmente relevante para las marcas de la región: construir experiencias sofisticadas sin exigir que las personas descarguen una nueva aplicación o aprendan una interfaz distinta. El cliente ya está en WhatsApp. La tarea es que la organización llegue con contexto, utilidad y criterio.

En MOVE vemos esta evolución como un problema de integración, no solo de tecnología. Requiere estrategia para priorizar la oportunidad, diseño de experiencia para ordenar el recorrido, creatividad para construir una voz, tecnología para conectar los sistemas e inteligencia para aprender de cada interacción.

La pregunta ya no es si una empresa debería “tener WhatsApp”.

La pregunta es si está preparada para que una conversación pueda representar toda la experiencia del cliente.

Porque el próximo diferencial no será contestar más mensajes. Será convertir cada conversación en una mejor decisión, una relación más valiosa y una operación que aprende.

Referencias para profundizar

Meta — Centralized Campaigns, AI Support and More for Businesses on WhatsApp (2025)

https://about.fb.com/news/2025/07/centralized-campaigns-ai-support-businesses-whatsapp/

Twilio — Inside the Conversational AI Revolution: perspectiva de Brasil y Latinoamérica (2026)

https://www.twilio.com/en-us/press/releases/conversational-ai-brazil

OS2 Bolivia — Artemis, atención e IA conectada a WhatsApp Business

https://os2.com.bo/

Pulso Empresarial — Lucy, la IA de ventas por WhatsApp presentada en Bolivia (2026)

https://pulsoempresarial.com.bo/lucy-la-ia-que-vende-por-whatsapp-sin-descanso-ya-opera-en-bolivia/

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Estrategia y ejecución

Las ideas no fallan por falta de creatividad. Fallan por falta de momentum

Sergio Andrés Eguino Anaya · 4 de agosto de 2026

La diferencia entre una buena idea y una idea que transforma un negocio no está solo en su calidad.

Publicado originalmente en SerEguino | DIRIGIR, LinkedIn. Edición del 4 de agosto de 2026.

La diferencia entre una buena idea y una idea que transforma un negocio no está solo en su calidad.

Está en la capacidad del sistema para ponerla en movimiento.

He visto ideas extraordinarias perder fuerza no porque fueran incorrectas, sino porque tuvieron que atravesar demasiadas reuniones, demasiados responsables y demasiadas interpretaciones antes de llegar al mercado.

La estrategia decía una cosa.

La creatividad entendía otra.

Medios llegaba al final.

Data explicaba lo que ya había pasado.

Y el negocio esperaba resultados.

El problema no era la falta de talento.

Era la falta de momentum.

Momentum no es simplemente velocidad. Es dirección, energía y continuidad trabajando juntas.

Una organización puede moverse muy rápido en la dirección equivocada. También puede tener una estrategia brillante y quedarse inmóvil. El verdadero avance ocurre cuando cada disciplina entiende qué debe aportar, cuándo debe hacerlo y qué decisión necesita impulsar.

Por eso creo que las marcas ya no necesitan sumar más proveedores, más plataformas ni más reportes.

Necesitan un sistema mejor conectado.

1. Dirección antes que actividad

Estar ocupado no significa avanzar.

La dirección comienza por acordar qué problema vale la pena resolver, qué cambio queremos provocar y qué evidencia nos permitirá saber si estamos progresando.

Cuando esa definición no existe, cada área optimiza su propia tarea. Se producen más piezas, más campañas y más métricas, pero no necesariamente más valor.

Una dirección clara hace algo igual de importante: ayuda a decidir qué no hacer.

2. Integración antes que coordinación

Coordinar es lograr que varias áreas se reúnan.

Integrar es lograr que piensen como un solo equipo.

La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la ejecución. Cuando estrategia, creatividad, contenido, medios, experiencia, tecnología e inteligencia participan desde el inicio, la idea no se entrega de un área a otra: evoluciona con el aporte de todas.

Menos handoffs.

Menos pérdida de contexto.

Menos reuniones para corregir lo que pudo construirse bien desde el principio.

Del insight a la ejecución, dentro del mismo sistema.

3. Inteligencia en todas las decisiones

La inteligencia no debería aparecer al final para producir un dashboard.

Debe estar presente desde el diagnóstico, ayudando a descubrir oportunidades; durante la creación, aportando contexto; en la activación, guiando recursos; y después, convirtiendo resultados en aprendizaje.

La inteligencia artificial amplifica esta capacidad. Puede analizar, predecir, automatizar y producir a una velocidad extraordinaria.

Pero su valor no está en hacer más.

Está en ayudarnos a decidir mejor.

La pregunta relevante no es cuánta IA usa una organización. Es cuánto mejor piensa, crea y actúa gracias a ella.

4. Ritmo para aprender y escalar

El momentum también necesita cadencia.

Equipos que observan, deciden, ejecutan y aprenden con frecuencia avanzan mejor que los que esperan el cierre de una campaña para descubrir qué ocurrió.

Pensar.

Activar.

Optimizar.

Volver a empezar con más conocimiento.

No es una secuencia rígida. Es un ciclo continuo.

En MOVE estamos construyendo nuestra forma de trabajo alrededor de esta convicción: las mejores ideas no deberían depender de esfuerzos aislados. Necesitan estrategia, creatividad, medios, experiencias, tecnología e inteligencia funcionando como un solo organismo.

A eso le llamamos Ideas with Momentum.

No se trata de hacer más ruido.

Se trata de convertir una visión en movimiento, el movimiento en aprendizaje y el aprendizaje en crecimiento.

Porque una idea, por brillante que sea, no transforma nada mientras permanece quieta.

La pregunta que dejo abierta es simple:

¿Tu organización está produciendo más actividad o está construyendo verdadero momentum?

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Marketing y crecimiento

Dejemos de preguntarnos qué campaña vendió más

Sergio Andrés Eguino Anaya · 29 de junio de 2026

El marketing ya cambió. La forma de dirigirlo también debería hacerlo.

Publicado originalmente en SerEguino | DIRIGIR, LinkedIn. Edición del 29 de junio de 2026.

El marketing ya cambió. La forma de dirigirlo también debería hacerlo.

Siempre me ha gustado una comparación.

Una gran marca se parece mucho a una orquesta sinfónica.

Cuando termina un concierto extraordinario, nadie sale diciendo que los violines fueron los responsables del éxito. Tampoco la percusión, los metales o el piano. Cada instrumento cumplió su papel en el momento correcto. Lo que realmente emocionó al público fue la obra completa y la forma en que cada parte encontró su lugar dentro de ella.

Sin embargo, en marketing seguimos haciendo exactamente lo contrario.

Seguimos intentando descubrir qué canal “vendió más”.

Y quizá ese sea uno de los mayores errores que estamos cometiendo como industria.

Hace unos días vi una convocatoria buscando especialistas para hablar sobre Inteligencia Artificial, Marketing Mix Modeling (MMM) y modelos de atribución. Mientras leía los temas, confirmé algo que llevo tiempo observando en reuniones con empresarios, directorios y equipos de marketing.

Estamos hablando muchísimo de tecnología.

Muchísimo de Inteligencia Artificial.

Muchísimo de plataformas.

Pero muy poco de dirección.

Y esa diferencia es mucho más importante de lo que parece.

Durante los últimos años aparecieron cientos de nuevas herramientas. Dashboards cada vez más sofisticados, automatizaciones, modelos predictivos y plataformas capaces de optimizar campañas en cuestión de segundos. Nunca habíamos tenido tanta información disponible.

Pero, paradójicamente, nunca había sido tan difícil tomar una decisión.

Porque la información no siempre genera claridad.

Muchas veces solo genera más ruido.

Todavía es común entrar a una reunión de resultados y escuchar la misma pregunta que hacíamos hace diez años.

¿Qué campaña vendió más?

La pregunta parece lógica.

El problema es que parte de una premisa equivocada.

El consumidor nunca conoció nuestras plataformas.

Nunca pensó si llegó por Google, Meta, un influencer o una campaña de televisión.

Simplemente vivió una experiencia.

Descubrió una marca.

Escuchó una recomendación.

Buscó información.

Comparó opciones.

Volvió días después.

Y recién entonces tomó una decisión.

La compra rara vez nace de un único impacto. Es el resultado de una sincronía de experiencias que, juntas, construyen confianza.

Entonces, ¿por qué seguimos intentando explicar todo ese recorrido con un solo clic?

Creo que el verdadero problema del marketing moderno no es la falta de datos.

Es la falta de dirección para interpretarlos.

Y justamente ahí es donde conceptos como Marketing Mix Modeling, modelos de incrementalidad e Inteligencia Artificial comienzan a tener sentido. No porque sean una moda, sino porque cambian la conversación.

Dejamos de preguntarnos qué plataforma ganó.

Empezamos a preguntarnos qué combinación de decisiones está generando crecimiento sostenible para el negocio.

Marketing Mix Modeling parte de una idea que me parece brillante.

No intenta descubrir qué instrumento sonó más fuerte.

Intenta comprender cómo toda la orquesta produjo el resultado.

Y esa diferencia cambia completamente el papel del marketing dentro de una empresa.

En Move llevamos tiempo convencidos de que el marketing necesita recuperar su lugar en la mesa donde se toman las decisiones importantes. Esa fue una de las razones por las que decidimos fortalecer Medium by Move Group.

No porque el mercado necesitara otra agencia de medios.

De esas ya existen muchas.

Medium nació porque veíamos empresas con excelentes campañas, excelentes reportes y excelentes dashboards… pero sin una dirección clara sobre cómo conectar todo eso con el crecimiento real del negocio.

Hoy ayudamos a las organizaciones a construir esa sincronía.

Integramos planificación estratégica, inteligencia comercial, análisis de datos, Marketing Science, transformación digital, automatización, Inteligencia Artificial y procesos colaborativos para que el marketing vuelva a cumplir su verdadero propósito: ayudar a tomar mejores decisiones.

Porque creemos que el reto ya no consiste en administrar plataformas.

Consiste en conectar personas, estrategia, tecnología y negocio bajo una misma visión.

La Inteligencia Artificial está acelerando esta transformación. Hoy puede optimizar campañas, redistribuir presupuestos, generar contenido, identificar patrones y procesar millones de datos en cuestión de segundos.

Es una herramienta extraordinaria.

Pero ninguna Inteligencia Artificial puede reemplazar el criterio de quien entiende el contexto, la cultura de una empresa, las prioridades de un directorio o la visión de largo plazo de una marca.

Las herramientas seguirán evolucionando.

Los algoritmos también.

Lo que marcará la diferencia será la capacidad de dirigir esa inteligencia hacia un propósito.

Tal vez ese sea el mayor cambio que está viviendo nuestra profesión.

Estamos dejando de preguntarnos quién tocó la mejor nota.

Empezamos a preguntarnos quién está dirigiendo la obra.

Porque las grandes marcas nunca se construyeron haciendo más ruido.

Se construyeron encontrando armonía entre estrategia, creatividad, medios, tecnología y personas.

Y eso, al igual que una gran sinfonía, nunca ocurre por casualidad.

¿Cómo están viviendo este cambio en sus organizaciones?

¿La conversación sigue centrada en qué plataforma obtuvo más conversiones o ya comenzó a girar hacia cómo sincronizar marketing, negocio, datos e Inteligencia Artificial para construir crecimiento sostenible?

Me interesa abrir esta conversación con líderes, empresarios y colegas que creen, como nosotros, que el futuro del marketing no pasa por tener más herramientas.

Pasa por aprender a dirigir mejor la orquesta.

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